"Algunos infinitos son más grandes que otros infinitos" escribió John Green, y no podría haber estado más acertado.
Y me surge la duda: ¿cuál será el mayor infinito? Algunos afirmarán que el universo, vasto páramo cósmico del cual somos apenas una insignificante parte infinitesimal; otros optarán por el tiempo en su irregularidad, a veces un instante otras un infinito (muy, muy grande) el mismo minuto; otros quizá hablen de Dios.
Y puede que alguno de ellos esté en lo cierto, puede que todos. Y, sin embargo, a mi entender, ninguna de ellas se acerca lo más mínimo al mayor infinito de todos. ¿Qué podrá ser? ¿Qué será el verdadero mayor infinito?, te estarás preguntando. Y siento no poder complacerte con la respuesta absoluta y perdóname si por un momento creíste que yo podría haber guardado conmigo esta respuesta mis escasos veintiún años de vida. Si no lo pensaste, no te habrá sorprendido mi ignorancia. Mas puedo confesarte cuál es mi infinito.
ÉL. Él es mi infinito. Porque desde que llegó todo me parece un sueño infinito del que no quiero despertar, porque los momentos a su lado son infinitos en mi corazón y en mi mente, que perduran conmigo en los infinitos de su ausencia. Porque al principio me asustaban sus sinónimos "para siempre" y "nunca", pero qué absurdo es temer a la infinita felicidad. Y qué infinito podría ser mayor que el que tú me has regalado, que el que tú eres, que el que SOMOS.
Aunque si lo pienso bien, todo es cuestión de perspectiva, y quizá este no haya sido más que un diminuto infinito comparado con lo que mi corazón ansía. Regálame uno, un millón, infinitos infinitos contigo. Grandes o pequeños pero nuestros. Quiero tu infinito. Te quiero infinito, mi infinito.
Ana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario